Isadora a través del Espejo
lunes, 11 de julio de 2016
lunes, 9 de noviembre de 2015
El “Eugenio Espejo”, un hospital con historia
Por:
Xavier Díaz Quintana
La historia del Hospital de
Especialidades “Eugenio Espejo”, se remonta desde mucho antes de su concepción,
a finales del siglo XIX, cuando en la capital ecuatoriana funcionaba el
Hospital San Juan de Dios ―previamente conocido como Hospital de la
Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo― construido en 1565, por gestión del
primer Presidente de Quito, don Hernando de Santillán. Varios siglos después, y
a pesar de los enormes servicios prestados por esta institución, el incremento
de la población capitalina acusó asimismo las necesidades de una casa de salud
que cubriera, no solamente demandas de infraestructura ―ya que para la época la
austeridad era una exigencia, y por lo tanto los pabellones eran de “carácter
sagrado” (Egas y Proaño 2006, 10)―, sino de personal médico y de enfermería
capacitado en diversas áreas de especialización, así como de equipo para
cirugía, diagnóstico, botica y demás servicios imprescindibles para la atención
a la ciudadanía.
Fue así que en 1898,
siendo presidente del Ecuador el General Eloy Alfaro Delgado, se impulsa la
construcción de un nuevo centro de atención médica de carácter civil, que
ayudaría a paliar el hacinamiento de enfermos del Hospital San Juan de Dios,
pero que también brindara atención especializada y oportuna de acuerdo a la
época.
Previamente se procedió
a solicitar a la Facultad de Medicina que presente un proyecto sobre la nueva
edificación, para lo cual fue delegado el “Doctor Manuel María Casares, decano
de la misma, para que realice esta labor, él presentó una comparación entre los
hospitales franceses y norteamericanos, las ventajas y desventajas de cada uno,
además señaló ciertas modificaciones o adecuaciones que se requerían para tal
obra, basándose en los Hospitales Montpellier [Francia]”.[1]
Los trámites iniciales
fueron de carácter burocrático, que implicaron la compra de varios lotes de
terreno adjunto a la avenida Chile (hoy avenida Gran Colombia), en manos de
ciudadanos potentados. Para el año 1901 se adquirieron un total de “doscientos
cuarenta mil metros cuadrados con un valor global de cuarenta y tres mil
trescientos sucres” (Salgado 1984, 18). El 23 de mayo, con la presencia de
autoridades gubernamentales, financieras, integrantes de la Junta de
Beneficencia de Quito, así como de la ciudadanía en general, se procedió a la
colocación de la primera piedra con la que se daría inicio a la construcción de
la nueva casa de salud de la capital.
Pero no fue hasta el
año 1903 cuando la Junta delega la elaboración de los planos al arquitecto Francisco Smith, con lo cual
inician las labores de infraestructura, que no avanzaba como se preveía, y para
1907 apenas se habían levantado unas cuantas murallas y un bloque que fuera
destinado como pabellón de servicios.
Los trabajos se
estancan. La obra queda suspendida durante otros cuatro años más. Es en 1911
cuando se reanuda el proyecto, pero el tiempo transcurrido da nuevas
perspectivas sobre cómo debe ser una estructura idónea para el servicio médico.
Uno de los debates fue el de la ubicación del hospital, que en aquel entonces
resultaba alejada de la urbe, y no era funcional. Pero la previsión a futuro
primó, manteniéndose el lugar propuesto inicialmente. En 1912 se ordena
continuar con la construcción, pero surgieron nuevos problemas que, para ser
resueltos, se consultó, dos años más tarde, a “los Arquitectos Guillermo
Shaeter y Augusto Ridder, y la Junta [de Beneficencia de Quito] encarga una
comisión presidida por el Dr. Alejandro Mosquera Narváez” (ibíd., 20).
Tras meses de observaciones,
se decide, en sesión celebrada el 8 de mayo de 1917, que todo lo construido
debe ser derrumbado, y dar paso a la construcción de un nuevo edificio de
acuerdo a las proyecciones de los arquitectos Shaeter y Ridder, con un
“préstamo de ciento veinte y cinco mil sucres, a treinta años plazo, que le
otorga el Banco del Pichincha” (Pérez-Rueda, s.f.). Los trabajos continúan hasta el año 1919, cuando se agotan
los fondos, y la obra se estanca nuevamente. En el año 1921, y tras varias
negociaciones con otras instituciones financieras y privadas, la Junta de
Beneficencia de Quito logra reunir los fondos necesarios, y la obra continúa
creciendo sin parar hasta diciembre de 1931, cuando finalmente se entregan los
quipos instalados en el nuevo hospital.
Y fue en el mes de
junio cuando, tras deliberaciones, se reemplaza el nombre de Hospital Civil de
Quito por el de Eugenio Espejo, “en homenaje al ilustre prócer de la
Independencia Doctor Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo, y para perpetua
memoria de sus virtudes cívicas” (ibíd.), quien fuera médico, escritor,
político, periodista y prócer de la independencia.
En octubre de ese mismo
año, y en medio de un descontento general, el Dr. Alfredo Baquerizo Moreno,
quien ocupaba el cargo de Presidente de la República, convoca a elecciones
libres en las que resulta electo, con una amplia mayoría, el Señor Don Neptalí
Bonifaz, representante de la Compactación Obrera Nacional, organización política
de carácter conservador, lo cual no era bien visto por la mayoría parlamentaria
de herencia alfarista, que se apoyó en la supuesta nacionalidad peruana del
presidente para destituirlo por vía legal.
Ante tal decisión,
tomada los primeros días de agosto de 1932, se desencadena un enfrentamiento
civil conocido como la “Guerra de los Cuatro Días”, entre quienes respaldaban
la voluntad del pueblo expresado en las urnas, y los que defendían la
constitucionalidad, lo que se traducía en el respeto a lo dispuesto por el
Congreso, es decir, el desconocimiento legal de la presidencia de Bonifaz.
La fuerza de las armas
se impuso con lo que se mantuvo la decisión de destitución del presidente
electo. Pero para entonces la dura y desigual batalla dejó como resultado al menos
dos mil muertos y cientos de heridos que eran atendidos, muchos de ellos, en el
ya deteriorado Hospital San Juan de Dios, porque las instalaciones del nuevo
edificio de salud no eran apropiadas para recibir a todos los combatientes. Tras
esta demostración de la necesidad de tener cuanto antes terminado el nuevo
hospital, se procedió a continuar con la construcción de los demás pabellones
para la atención de la ciudadanía.
Así, un 24 de Mayo de
1933 se da por inaugurado el hospital Policlínico Eugenio Espejo, siendo su
primer Director el señor Manuel Guzmán, y el 1 de agosto se abren las puertas
para la atención al público con una capacidad de quinientas camas.
Asimismo, esta casa de
salud ha sido desde sus inicios el centro de práctica para estudiantes de la
Facultad de Medicina de la Universidad Central del Ecuador y el desarrollo
docente de los médicos que laboran en él. Cabe mencionar que anteriormente no
existía una escuela de enfermería, y quienes se encargaban de atender a los
pacientes (especialmente en el Hospital San Juan de Dios) eran las Hermanas de
la Caridad. Esto cambió con la creación de la Escuela de Enfermería donde se
formaron y forman profesionales especializadas en la atención a pacientes, y
como apoyo a los médicos y practicantes en esta casa de salud.
A poco de cumplir
cincuenta años desde su inauguración, el hospital ya presentaba nuevas
necesidades de infraestructura y servicios en general, en parte por el aumento
de la población quiteña, así como por la aparición de nuevas enfermedades que
debían ser abordadas con la ayuda de equipos médicos adecuados para
enfrentarlas. Fue así como en 1980, el presidente de la República, Abg. Jaime Roldón Aguilera, contrata la
construcción de un nuevo edificio, bajo la responsabilidad de la compañía Solel
Boneh. Pero la grave crisis de los ochenta, la devaluación del sucre y la caída
del precio del petróleo, así como la muerte del presidente Roldós, detuvo el
avance de la obras.
Fue en el año 1992
cuando finalmente entra en funcionamiento el nuevo edificio durante el gobierno
del Dr. Rodrigo Borja Cevallos, siendo el director del hospital el Dr. Jorge
Andrade Gaibor. A partir de entonces se comienza con la atención para consulta
externa, laboratorio, Rayos X, auditorio, entre otros servicios.
La madrugada del 5 de
enero de 2004, las antiguas instalaciones del hospital, que permanecían en
desuso e invadidas por indigentes desde 1991, cuando se terminó la construcción
del nuevo edificio, fueron afectadas por un incendio que consumió el noventa por
ciento de la infraestructura, que en su mayoría “era de madera, carrizo y adobe”.[2] Tras
el siniestro, las autoridades municipales decidieron gestionar la recuperación
del edificio, que tardaría otros tres años en concluirse. Actualmente funciona
como el Centro de Convenciones Eugenio Espejo, donde se desarrollan eventos
varios, tanto sociales como culturales.
De allí en adelante el
esfuerzo de las diferentes administraciones ha estado enfocado en dotar al
hospital de equipamiento, espacios idóneos, personal capacitado, médicos y
enfermeras comprometidos, así como de la responsabilidad del gobierno de turno
para la asignación de los fondos necesarios que pongan en práctica el sueño de
entregar un servicio de salud de calidad, a la altura de las necesidades ciudadanas,
y de los estudiantes que se forman en un espacio de aprendizaje directo y en
constante contacto con la realidad médica.
Han pasado ciento diecisiete
años desde que se concibiera la idea de un hospital moderno, proyecto que se
haría realidad en 1933. Y ochenta y dos años desde que se inaugurara
oficialmente. En la actualidad el Hospital Eugenio Espejo trabaja en veintiocho
especialidades clínicas y quirúrgicas como Alergología, Endocrinología,
Neurocirugía y Cardiología, entre otras. Además cuenta con 11 servicios
centrales y 436 camas para hospitalización. Durante el 2014 se atendieron a un
total de 13.429 pacientes por hospitalización, 277.313 por consulta externa,
34.294 por emergencia, se realizaron 13.090 cirugías, y 148.556 procedimientos
de imagen.
Este mismo año se
realizaron trabajos de remodelación, obra gestionada a través del Ministerio de
Salud y el Gobierno Nacional, beneficiándose así varias áreas de atención
prioritaria como Medicina Interna, Oncología, Neurocirugía y Neurología,
Cardiología, Oftalmología y Otorrinolaringología, Racks y cuarto de observación,
Esterilización y Unidad de Cuidados intensivos, y las áreas de mantenimiento de
servicios básicos, como cuarto de máquinas, calderos, tanques calentadores y
bombas de presión constante.
Y las labores de mejoramiento
del servicio no se detienen, en la medida en que las demandas crecen, ya no
solamente en cuanto a espacio físico, equipos o medicamentos, sino sobre todo a
la atención de la ciudadanía con base en conocimientos sólidos y especializados
de médicos, enfermeras, técnicos, administrativos y demás personal que
conforman la institución. Seres humanos que hacen la diferencia con su saber y
tenacidad para garantizar el cuidado de la salud de todos los ecuatorianos.
jueves, 5 de noviembre de 2015
“UN PROYECTO CON ESPERANZA”
Acuerdo entre la Casa de la Cultura Benjamín Carrión y el Hospital de Especialidades Eugenio Espejo
ENTREVISTA A GABRIEL CISNEROS
VICEPRESIDENTE DE LA CASA DE LA CULTURA BENJAMÍN CARRIÓN
Me guiaba por la idea de que la Casa de la Cultura era un espacio cerrado y de difícil acceso, pero con todas las muestras que hemos visto últimamente, me refiero a las casas abiertas, las ferias, las actividades culturales, los eventos familiares, la facilidad para la prestación de las salas y el respeto a los artistas, decidimos como departamento de comunicación social acercarnos y proponer algunas actividades en beneficio de nuestros pacientes con la experiencia de estos años en los que hemos realizado presentaciones esporádicas de una vez al mes de artistas que comparten en las salas con nuestros pacientes brindando alegría y motivación.
Es así que con nuestro equipo de trabajo concretamos una entrevista para nuestro boletín institucional con el Vicepresidente de la Casa de la Cultura, Gabriel Cisneros, quien con su aspecto de niño grande nos recibió emocionado y con la precisión que solo la tiene un poeta nos dio su opinión sobre este proyecto interinstitucional entre la Casa de la Cultura Benjamín Carrión y el Hospital de Especialidades Eugenio Espejo.
¿Gabriel qué relación hay entre salud y cultura?
La Declaración sobre Política Cultural de la UNESCO en 1984 en México, la Constitución Política del Ecuador del 2008 forman un gran paraguas que defiende la vida, en él se procesan todos los contenidos simbólicos para su prevalencia, todo lo que vaya en contra de la vida es ir contra la cultura, el hombre es un producto cultural.
En este sentido salud y cultura no pueden estar desligados, uno de los indicadores de desarrollo de un pueblo es la salud y esta se construye con cultura, los altos índices de obesidad, de diabetes son productos no solo de desórdenes alimenticios sino de desórdenes de la cultura.
¿Qué te parece esta propuesta de trabajo conjunto?
Esta propuesta del Hospital hacia nosotros es una propuesta que enriquece la gestión y la sensibiliza, porque los actores culturales se relacionarán con niños que no han podido tener una niñez normal porque tienen que realizarse tratamientos médicos que requieren hospitalización; con ancianos cuyas memorias son parte de los imaginarios de nuestro pueblo. Este es un proyecto con esperanza.
¿Cuál es tu reflexión como escritor y poeta sobre la enfermedad?
La enfermedad no es más que un mal relacionamiento de los seres humanos con su entorno, muchas veces las enfermedades son psicosomáticas, el no haber reído cuando debiste reír y el no haber llorado cuando debiste hacerlo. Es un quiebre, una esencia necesaria en el hecho de crear, el constatar la proximidad de la muerte, el acercarnos a la levedad humana, porque vengas de donde vengas: el estrato social, la construcción simbólica, la preparación académica, la enfermedad y la muerte son una constante.
¿Cuál es tu reflexión sobre el dolor?
Pienso sobre el dolor que los seres humanos de alguna manera crecen con él, tienen otro relacionamiento con la vida, otra dimensión, no hay crecimiento en la felicidad, en la felicidad hay un estancamiento y un paraíso de conformismo. El dolor es una fragua donde nos vamos encontrando con nosotros mismos.
En el dolor y en la enfermedad necesitamos otros seres humanos que nos entiendan, no solo que sepan el oficio sino que nos sonrían, que nos alienten, que nos den esperanza, creo que muchas veces el personal de salud para sobrevivir se colocan un blindaje para no sentir la angustia y el dolor pero a veces ese blindaje es demasiado duro y los vuelve insensibles, dejan de conmoverse frente a la vida y no pueden entender lo que es la muerte.
¿Piensas que hay que generar ambientes para la vida?
Si, hay que generar ambientes para la vida, buscar mediar entre lo clínico y lo cultural desde lo estético, buscar darles a los pacientes espacios mínimos en los que puedan recibir alegrías durante su permanencia en hospital, que no sean una réplica de una prisión sino un espacio en el que puedas desahogar tus llantos, tus dolores, tus angustias y en donde se entiendan las individualidades, espacios donde se genere la sanación desde la sonrisa, desde el canto, desde la plástica y creo que eso es muy bueno para el ejercicio de la salud pública del país.
¿Cuál es tu mensaje al personal de la salud?
Los médicos además de la ciencia y el talento profesional, deben utilizar la ternura, un médico que sabe sonreír es un médico que sabe llegar a las fibras más íntimas del paciente y nosotros como pacientes necesitamos sentir que le importamos al médico como seres humanos.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Con la satisfacción del deber cumplido en el Tercer Encuentro de Brigadas Hospitalarias
La formación de equipos
de pronta respuesta en los hospitales de nuestro país es importante, pues en
caso de eventos adversos o desastres ellos están en la capacidad de llegar en
tiempo mínimo al sitio del hecho y efectuar una evaluación en base de la
recolección de datos y con esa información establecer las necesidades de la
comunidad de forma precisa para que la autoridad superior tome una decisión
oportuna, que sea eficaz y eficiente. Estos equipos realizan un trabajo
conjunto con los Comités de Operaciones de Emergencias de los hospitales y con
las Unidades de Gestión de Riesgos.
Estos equipos
multidisciplinarios, con el fin de dar una respuesta adecuada y exacta, se
preparan todos los días, como es el caso del Grupo de Pronta Respuesta del
Hospital de Especialidades Eugenio Espejo que además de su experiencia trabaja
arduamente en capacitación, talleres y conferencias permanentes y se consolida
como uno de los mejores de la provincia.
En días previos al
Tercer Encuentro de Brigadas Hospitalarias a realizarse del 16 al 18 de octubre
de 2015, este equipo se reúne para ultimar detalles de logística y organización;
el tiempo está lluvioso así que se prevé el escenario. Este grupo está
conformado por quince personas entre médicos de emergencia, paramédicos,
enfermeras y personal administrativo y de salud de varios servicios.
El día de la salida al
encuentro el grupo se convocó muy temprano en las instalaciones del Hospital
con el fin de comprobar su equipamiento y logística. Todos los integrantes
debemos llevar equipo de protección personal adecuado para poder ingresar a las
instalaciones de la Escuela Militar “Eloy Alfaro”, sitio en el que se realizará
este evento. La líder del equipo, Lic. Yadira Díaz, enfermera de emergencia,
inspecciona nuestros equipos, nos instruye sobre su utilización y verifica que
su empleo vaya a ser el correcto. Este equipo de protección personal consta de
casco de seguridad con linterna de luz blanca y roja, protectores auditivos y
repuestos, gafas, guantes, calzado de seguridad con puntas de acero, ropa de
trabajo adecuada, chaleco botiquín, camel bag o cantimplora portátil,
rodilleras, coderas, silbato y poncho impermeable.
También se revisa que
todos tengamos en nuestra mochila: carpa, sleeping o saco de dormir, aislante
para protección de la humedad y del frío del suelo, útiles para higiene
personal, mudadas de repuesto, vajilla para campamento, cubiertos, navaja
multiusos, botiquín, linterna con baterías de repuesto, entre otros útiles
indispensables.
A las diez de la mañana
todos estamos listos y todo lo que se requiere en cuanto a otras provisiones y
equipos ya lo hemos cargado en los vehículos de la institución. El viaje dura
treinta minutos aproximadamente, vamos despacio porque llevamos muchas cosas.
A lo lejos ya se
divisan las instalaciones imponentes de la Escuela Militar “Eloy Alfaro” en
Parcayacu, nos identificamos al ingreso y en seguida pasamos al sitio asignado
para armar el campamento de acuerdo a las reglas estipuladas en el encuentro y
con las respectivas normas de seguridad que ya las conocemos de antemano.
En este viernes amenaza
la lluvia pero con la colaboración de todos los miembros del equipo todo se
termina de hacer con prontitud para acudir sin demora a la convocatoria de las
16h00 horas a la primera formación de los equipos que en este año son
veintiséis de varios hospitales públicos y privados de la Coordinación Zonal 9
de Salud. Reunidos ya todos nos dan la orden de dirigimos al Auditorio
Principal para la inauguración del evento, que lo presidió el Gral. Edison
Narváez Rosero, Comandante del Comando de Operaciones Terrestres y contó con la
presencia del Dr. Edy Quizhpe, Coordinador Zonal 9, y Dr. Manuel Minaya,
Responsable de la Unidad de Gestión de Riesgos de la Coordinación Zonal 9
quienes nos dieron palabras de bienvenida.
Es viernes en la noche
y todos estamos vestidos con prendas de seguridad y poncho impermeable porque
llueve, terminamos nuestras actividades, merendamos y faltando cinco minutos
para las veinte horas ingresamos a las carpas, cerramos, apagamos las luces y
justamente en ese instante escuchamos el sonido de la trompeta del toque de
queda. La emoción no nos deja dormir pero debemos respetar el sueño de los
demás y hacemos el esfuerzo, una jornada dura nos espera, llueve afuera de las
carpas pero no hace tanto frío. Nos hemos distribuido en cuatro carpas, tres de
ellas las ocupan los hombres y una las mujeres, además de ello tenemos una
carpa en la que guardamos las provisiones, otra para guardar herramientas y otra
para otro tipo de materiales.
Son las cinco de la
mañana del sábado, todos nos levantamos, cada uno tiene funciones específicas,
unos se ocupan de preparar los alimentos, otros de la limpieza y de dejar todo
en perfecto orden, otros en cambio deben verificar que todos tengamos
seguridad, hasta hay quien se ocupa de motivar al grupo, todo esto en un
ambiente de disciplina, buen humor y solidaridad.
Por el parlante
convocan a los líderes de los grupos, nuestra líder acude a la llamada y a su
regreso nos hace formar para darnos algunas indicaciones generales de lo que
ocurrirá en el día. El día mismo de la llegada además ella nos había hecho
responsables a cada uno de la otra persona para asegurarse del bienestar
general del grupo.
En perfecto orden
formados en dos columnas y marcando el paso acudimos a reunirnos con los demás
grupos. Esa mañana hubo ejercicio de calentamiento y de inmediato fuimos a la
estación que a cada grupo nos tocó; nosotros iniciamos en la estación nueve de
rescate en estructuras colapsadas, con indicaciones previas nuestro grupo
procedió a realizar eficientemente este ejercicio con la ayuda de hachas,
sierras y combos hasta que sonó la trompeta dando por terminado el tiempo de
esta prueba, de allí pasamos a la estación diez de rescate con cuerdas, esta
estación estaba a cargo del Grupo de Operaciones Especiales. Nuestro médico
emergenciólogo, Dr. Edwin Vásquez, fue quien realizó el rescate de la víctima,
enganchándola a su cuerpo, bajando por la cuerda y dándole los primeros
auxilios mientras la bajaba, al llegar a tierra el equipo de paramédicos la recibió
y continuó con el proceso.
Luego fuimos a la
estación once de materiales peligrosos, esta estación estaba a cargo del Ing.
Paúl Sánchez, Líder de la Unidad de Gestión de Riesgos del HEE, allí recibimos
capacitación al respecto de estos materiales y su clasificación en explosivos,
gases, líquidos, sólidos, oxidantes, venenos, radiactivos, corrosivos y mezclas
peligrosas. Esto es importante saber para situaciones en las que existan
derrames de desechos tóxicos, volcamiento o choque de vehículos de transporte,
explosiones o incendios en centros de procesamiento y almacenamiento de
sustancias peligrosas; luego de ello pasamos a estación doce de transporte aeromédico,
en la estación trece de salud mental y primeros auxilios psicológicos, el
personal nos explicó con ejercicios lúdicos e interactivos la importancia de la
buena comunicación y empatía.
En la estación catorce
de atención a personas con discapacidad que estuvo a cargo de la Secretaría
Técnica de Discapacidades observamos vídeos sobre el tema de las discapacidades
y el instructor nos enseñó frases pequeñas del lenguaje de señas del Ecuador,
posterior a lo cual realizamos evacuación de personas en sillas de ruedas.
En la estación quince
el Ministerio de Inclusión Económica y Social expuso sobre manejo de albergues
y casas de acogida y antes del receso del mediodía visitamos la estación
dieciséis de simulación y simulacros, en esta era impresionante el maquillaje
de los actores y el trabajo bajo presión pues allí había el peligro de una
inminente explosión, nuestro equipo salvó a todas las víctimas de este desastre
entre las que había una mujer a punto de dar a luz, tres recién nacidos que
estaban en sus termocunas uno de ellos con VIH y a una mujer atrapada en un
vehículo. Aquí la adrenalina se hizo sentir por el sonido de las sirenas, por
los gritos de las víctimas y por la explosión al final.
Acudimos presurosos a
nuestro campamento pues teníamos el tiempo justo para almorzar, luego de ello
salimos, nos quedaban aún diez estaciones que visitar en la tarde y noche.
Fuimos a la estación diecisiete de telecomunicaciones en esta recibimos charlas
explicativas por parte de la Policía Metropolitana sobre el manejo correcto y
eficiente de las telecomunicaciones en situaciones de emergencia y luego a la
dieciocho que versaba sobre instrucción formal y motivación con personal de las
Fuerzas Armadas.
Luego de ello fuimos a
la estación uno de incendios estructurales que estaba a cargo del Cuerpo de
Bomberos de Machachi, pasamos por nuestro campamento recogiendo las
herramientas para esta estación y las posteriores. En esta estación nuestro
equipo realizó rescate de víctimas y refrescó conocimientos sobre los tipos de
extintores; luego en la estación dos de manejo de vía aérea, que estaba a cargo
de la Cruz Roja Nacional, realizamos el rescate de un paciente masculino que
había caído de un árbol y estaba inconsciente; en la estación tres de manejo de
shock y en la estación cuatro de manejo de trauma pre hospitalario se realizó
la atención a víctimas manteniendo con vida a todas; estas dos últimas
instalaciones estaban bajo la responsabilidad de la Dra. Maribel Cruz, Dr.
Elías Dávila y Dr. Andrés Moreno del Hospital de Especialidades Eugenio Espejo.
En la estación cinco de
manejo de trauma hospitalario nos dividimos en dos grupos para rescatar a
pacientes y en la estación seis de reanimación cardiopulmonar a cargo de la
Cruz Roja Ecuatoriana se realizó rescate de paciente de la tercera edad que
había sufrido quemaduras en gran parte de su cuerpo y politraumatismo por caída,
se logró estabilizar a paciente para transporte a Hospital.
Luego de ello visitamos
la estación siete de rescate vehicular y la estación ocho de rescate en
espacios confinados cumpliendo todas las actividades con éxito.
Algunos miembros del
grupo se adelantaron al campamento para preparar los alimentos a la llegada de
los demás. Todos nos reunimos a las 21h00; mientras volvíamos entonábamos
canciones de trote militar, visiblemente emocionados conversamos hasta entrada
la noche, todos estábamos entusiasmados por la satisfacción del deber cumplido,
nadie quería dormir porque la adrenalina había hecho su efecto y no sentíamos
cansancio. Más bien el frío fue el que hizo que nuestra líder previos los
preparativos del domingo nos diera la orden de descansar.
El domingo nos
levantamos a las 03h30 de la mañana porque sabíamos que habría un simulacro en
el que se pondrían a prueba nuestros conocimientos, la noche esta vez sí estuvo
fría a pesar de que no llovió. Preparamos el desayuno y a las 04h00 se dio la
voz de alerta. Nuestra líder fue convocada para instrucciones sobre el
simulacro de ese día, al volver ella nos comentó de los eventos adversos que
acababan de suceder: incendio en las instalaciones de la Escuela Militar con
varias víctimas entre militares y familiares, alertas volcánicas en dos de
nuestros grandes volcanes. Para cubrir este desastre se levantó un hospital de
campaña en las instalaciones de la Escuela Militar para recibir a los heridos,
se dividió a nuestro grupo en diferentes frentes y se procedió al rescate de
víctimas en un trabajo conjunto con los equipos de las otras brigadas
hospitalarias que estaban allí al igual que nosotros cumpliendo con esta
instrucción.
En unas horas el
hospital de campaña colapsó y se terminó el ejercicio, los veintiséis grupos
que participamos de este encuentro fuimos convocados para la clausura en el
estadio de la Escuela Militar “Eloy Alfaro”, en el que nos ubicamos en las
gradas para observar el transporte de los pacientes más graves del simulacro en
el helicóptero militar de transporte táctico Súper Puma AS-332B de la Aviación
del Ejército Ecuatoriano. Este evento estuvo a cargo del personal militar y del
equipo de pronta respuesta del HEE.
Subimos al helicóptero
a tres víctimas, dos médicos de emergencia y dos paramédicos que se encargaron
de mantener con vida a estos pacientes hasta llegar en diez minutos
aproximadamente a las instalaciones del ECU 911 en donde nos esperaban las
ambulancias para transportarlos al HEE. Allí terminó el simulacro.
Médicos, paramédicos y
personal que participó en esta última parte del simulacro volvieron por vía
terrestre a ayudar a desarmar los campamentos, limpiar el área y volver a casa
satisfechos por el trabajo realizado.
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