lunes, 9 de noviembre de 2015

El “Eugenio Espejo”, un hospital con historia




Por: Xavier Díaz Quintana

La historia del Hospital de Especialidades “Eugenio Espejo”, se remonta desde mucho antes de su concepción, a finales del siglo XIX, cuando en la capital ecuatoriana funcionaba el Hospital San Juan de Dios ―previamente conocido como Hospital de la Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo― construido en 1565, por gestión del primer Presidente de Quito, don Hernando de Santillán. Varios siglos después, y a pesar de los enormes servicios prestados por esta institución, el incremento de la población capitalina acusó asimismo las necesidades de una casa de salud que cubriera, no solamente demandas de infraestructura ―ya que para la época la austeridad era una exigencia, y por lo tanto los pabellones eran de “carácter sagrado” (Egas y Proaño 2006, 10)―, sino de personal médico y de enfermería capacitado en diversas áreas de especialización, así como de equipo para cirugía, diagnóstico, botica y demás servicios imprescindibles para la atención a la ciudadanía.

Fue así que en 1898, siendo presidente del Ecuador el General Eloy Alfaro Delgado, se impulsa la construcción de un nuevo centro de atención médica de carácter civil, que ayudaría a paliar el hacinamiento de enfermos del Hospital San Juan de Dios, pero que también brindara atención especializada y oportuna de acuerdo a la época.

Previamente se procedió a solicitar a la Facultad de Medicina que presente un proyecto sobre la nueva edificación, para lo cual fue delegado el “Doctor Manuel María Casares, decano de la misma, para que realice esta labor, él presentó una comparación entre los hospitales franceses y norteamericanos, las ventajas y desventajas de cada uno, además señaló ciertas modificaciones o adecuaciones que se requerían para tal obra, basándose en los Hospitales Montpellier [Francia]”.[1]

Los trámites iniciales fueron de carácter burocrático, que implicaron la compra de varios lotes de terreno adjunto a la avenida Chile (hoy avenida Gran Colombia), en manos de ciudadanos potentados. Para el año 1901 se adquirieron un total de “doscientos cuarenta mil metros cuadrados con un valor global de cuarenta y tres mil trescientos sucres” (Salgado 1984, 18). El 23 de mayo, con la presencia de autoridades gubernamentales, financieras, integrantes de la Junta de Beneficencia de Quito, así como de la ciudadanía en general, se procedió a la colocación de la primera piedra con la que se daría inicio a la construcción de la nueva casa de salud de la capital.

Pero no fue hasta el año 1903 cuando la Junta delega la elaboración de los planos  al arquitecto Francisco Smith, con lo cual inician las labores de infraestructura, que no avanzaba como se preveía, y para 1907 apenas se habían levantado unas cuantas murallas y un bloque que fuera destinado como pabellón de servicios.

Los trabajos se estancan. La obra queda suspendida durante otros cuatro años más. Es en 1911 cuando se reanuda el proyecto, pero el tiempo transcurrido da nuevas perspectivas sobre cómo debe ser una estructura idónea para el servicio médico. Uno de los debates fue el de la ubicación del hospital, que en aquel entonces resultaba alejada de la urbe, y no era funcional. Pero la previsión a futuro primó, manteniéndose el lugar propuesto inicialmente. En 1912 se ordena continuar con la construcción, pero surgieron nuevos problemas que, para ser resueltos, se consultó, dos años más tarde, a “los Arquitectos Guillermo Shaeter y Augusto Ridder, y la Junta [de Beneficencia de Quito] encarga una comisión presidida por el Dr. Alejandro Mosquera Narváez” (ibíd., 20).

Tras meses de observaciones, se decide, en sesión celebrada el 8 de mayo de 1917, que todo lo construido debe ser derrumbado, y dar paso a la construcción de un nuevo edificio de acuerdo a las proyecciones de los arquitectos Shaeter y Ridder, con un “préstamo de ciento veinte y cinco mil sucres, a treinta años plazo, que le otorga el Banco del Pichincha” (Pérez-Rueda, s.f.). Los trabajos continúan hasta el año 1919, cuando se agotan los fondos, y la obra se estanca nuevamente. En el año 1921, y tras varias negociaciones con otras instituciones financieras y privadas, la Junta de Beneficencia de Quito logra reunir los fondos necesarios, y la obra continúa creciendo sin parar hasta diciembre de 1931, cuando finalmente se entregan los quipos instalados en el nuevo hospital.

Y fue en el mes de junio cuando, tras deliberaciones, se reemplaza el nombre de Hospital Civil de Quito por el de Eugenio Espejo, “en homenaje al ilustre prócer de la Independencia Doctor Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo, y para perpetua memoria de sus virtudes cívicas” (ibíd.), quien fuera médico, escritor, político, periodista y prócer de la independencia.

En octubre de ese mismo año, y en medio de un descontento general, el Dr. Alfredo Baquerizo Moreno, quien ocupaba el cargo de Presidente de la República, convoca a elecciones libres en las que resulta electo, con una amplia mayoría, el Señor Don Neptalí Bonifaz, representante de la Compactación Obrera Nacional, organización política de carácter conservador, lo cual no era bien visto por la mayoría parlamentaria de herencia alfarista, que se apoyó en la supuesta nacionalidad peruana del presidente para destituirlo por vía legal.

Ante tal decisión, tomada los primeros días de agosto de 1932, se desencadena un enfrentamiento civil conocido como la “Guerra de los Cuatro Días”, entre quienes respaldaban la voluntad del pueblo expresado en las urnas, y los que defendían la constitucionalidad, lo que se traducía en el respeto a lo dispuesto por el Congreso, es decir, el desconocimiento legal de la presidencia de Bonifaz.

La fuerza de las armas se impuso con lo que se mantuvo la decisión de destitución del presidente electo. Pero para entonces la dura y desigual batalla dejó como resultado al menos dos mil muertos y cientos de heridos que eran atendidos, muchos de ellos, en el ya deteriorado Hospital San Juan de Dios, porque las instalaciones del nuevo edificio de salud no eran apropiadas para recibir a todos los combatientes. Tras esta demostración de la necesidad de tener cuanto antes terminado el nuevo hospital, se procedió a continuar con la construcción de los demás pabellones para la atención de la ciudadanía.

Así, un 24 de Mayo de 1933 se da por inaugurado el hospital Policlínico Eugenio Espejo, siendo su primer Director el señor Manuel Guzmán, y el 1 de agosto se abren las puertas para la atención al público con una capacidad de quinientas camas.

Asimismo, esta casa de salud ha sido desde sus inicios el centro de práctica para estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Central del Ecuador y el desarrollo docente de los médicos que laboran en él. Cabe mencionar que anteriormente no existía una escuela de enfermería, y quienes se encargaban de atender a los pacientes (especialmente en el Hospital San Juan de Dios) eran las Hermanas de la Caridad. Esto cambió con la creación de la Escuela de Enfermería donde se formaron y forman profesionales especializadas en la atención a pacientes, y como apoyo a los médicos y practicantes en esta casa de salud.

A poco de cumplir cincuenta años desde su inauguración, el hospital ya presentaba nuevas necesidades de infraestructura y servicios en general, en parte por el aumento de la población quiteña, así como por la aparición de nuevas enfermedades que debían ser abordadas con la ayuda de equipos médicos adecuados para enfrentarlas. Fue así como en 1980, el presidente de la República, Abg. Jaime Roldón Aguilera, contrata la construcción de un nuevo edificio, bajo la responsabilidad de la compañía Solel Boneh. Pero la grave crisis de los ochenta, la devaluación del sucre y la caída del precio del petróleo, así como la muerte del presidente Roldós, detuvo el avance de la obras.

Fue en el año 1992 cuando finalmente entra en funcionamiento el nuevo edificio durante el gobierno del Dr. Rodrigo Borja Cevallos, siendo el director del hospital el Dr. Jorge Andrade Gaibor. A partir de entonces se comienza con la atención para consulta externa, laboratorio, Rayos X, auditorio, entre otros servicios.

La madrugada del 5 de enero de 2004, las antiguas instalaciones del hospital, que permanecían en desuso e invadidas por indigentes desde 1991, cuando se terminó la construcción del nuevo edificio, fueron afectadas por un incendio que consumió el noventa por ciento de la infraestructura, que en su mayoría “era de madera, carrizo y adobe”.[2] Tras el siniestro, las autoridades municipales decidieron gestionar la recuperación del edificio, que tardaría otros tres años en concluirse. Actualmente funciona como el Centro de Convenciones Eugenio Espejo, donde se desarrollan eventos varios, tanto sociales como culturales.

De allí en adelante el esfuerzo de las diferentes administraciones ha estado enfocado en dotar al hospital de equipamiento, espacios idóneos, personal capacitado, médicos y enfermeras comprometidos, así como de la responsabilidad del gobierno de turno para la asignación de los fondos necesarios que pongan en práctica el sueño de entregar un servicio de salud de calidad, a la altura de las necesidades ciudadanas, y de los estudiantes que se forman en un espacio de aprendizaje directo y en constante contacto con la realidad médica.

Han pasado ciento diecisiete años desde que se concibiera la idea de un hospital moderno, proyecto que se haría realidad en 1933. Y ochenta y dos años desde que se inaugurara oficialmente. En la actualidad el Hospital Eugenio Espejo trabaja en veintiocho especialidades clínicas y quirúrgicas como Alergología, Endocrinología, Neurocirugía y Cardiología, entre otras. Además cuenta con 11 servicios centrales y 436 camas para hospitalización. Durante el 2014 se atendieron a un total de 13.429 pacientes por hospitalización, 277.313 por consulta externa, 34.294 por emergencia, se realizaron 13.090 cirugías, y 148.556 procedimientos de imagen.

Este mismo año se realizaron trabajos de remodelación, obra gestionada a través del Ministerio de Salud y el Gobierno Nacional, beneficiándose así varias áreas de atención prioritaria como Medicina Interna, Oncología, Neurocirugía y Neurología, Cardiología, Oftalmología y Otorrinolaringología, Racks y cuarto de observación, Esterilización y Unidad de Cuidados intensivos, y las áreas de mantenimiento de servicios básicos, como cuarto de máquinas, calderos, tanques calentadores y bombas de presión constante.

Y las labores de mejoramiento del servicio no se detienen, en la medida en que las demandas crecen, ya no solamente en cuanto a espacio físico, equipos o medicamentos, sino sobre todo a la atención de la ciudadanía con base en conocimientos sólidos y especializados de médicos, enfermeras, técnicos, administrativos y demás personal que conforman la institución. Seres humanos que hacen la diferencia con su saber y tenacidad para garantizar el cuidado de la salud de todos los ecuatorianos.


[1] http://www.hee.gob.ec/webhee2013/index.php/el-hospital/historia
[2] http://www.eluniverso.com/2004/01/06/0001/10/AC86983ACF52436896FBAC101EAAC98A.html

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