Por:
Xavier Díaz Quintana
La historia del Hospital de
Especialidades “Eugenio Espejo”, se remonta desde mucho antes de su concepción,
a finales del siglo XIX, cuando en la capital ecuatoriana funcionaba el
Hospital San Juan de Dios ―previamente conocido como Hospital de la
Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo― construido en 1565, por gestión del
primer Presidente de Quito, don Hernando de Santillán. Varios siglos después, y
a pesar de los enormes servicios prestados por esta institución, el incremento
de la población capitalina acusó asimismo las necesidades de una casa de salud
que cubriera, no solamente demandas de infraestructura ―ya que para la época la
austeridad era una exigencia, y por lo tanto los pabellones eran de “carácter
sagrado” (Egas y Proaño 2006, 10)―, sino de personal médico y de enfermería
capacitado en diversas áreas de especialización, así como de equipo para
cirugía, diagnóstico, botica y demás servicios imprescindibles para la atención
a la ciudadanía.
Fue así que en 1898,
siendo presidente del Ecuador el General Eloy Alfaro Delgado, se impulsa la
construcción de un nuevo centro de atención médica de carácter civil, que
ayudaría a paliar el hacinamiento de enfermos del Hospital San Juan de Dios,
pero que también brindara atención especializada y oportuna de acuerdo a la
época.
Previamente se procedió
a solicitar a la Facultad de Medicina que presente un proyecto sobre la nueva
edificación, para lo cual fue delegado el “Doctor Manuel María Casares, decano
de la misma, para que realice esta labor, él presentó una comparación entre los
hospitales franceses y norteamericanos, las ventajas y desventajas de cada uno,
además señaló ciertas modificaciones o adecuaciones que se requerían para tal
obra, basándose en los Hospitales Montpellier [Francia]”.[1]
Los trámites iniciales
fueron de carácter burocrático, que implicaron la compra de varios lotes de
terreno adjunto a la avenida Chile (hoy avenida Gran Colombia), en manos de
ciudadanos potentados. Para el año 1901 se adquirieron un total de “doscientos
cuarenta mil metros cuadrados con un valor global de cuarenta y tres mil
trescientos sucres” (Salgado 1984, 18). El 23 de mayo, con la presencia de
autoridades gubernamentales, financieras, integrantes de la Junta de
Beneficencia de Quito, así como de la ciudadanía en general, se procedió a la
colocación de la primera piedra con la que se daría inicio a la construcción de
la nueva casa de salud de la capital.
Pero no fue hasta el
año 1903 cuando la Junta delega la elaboración de los planos al arquitecto Francisco Smith, con lo cual
inician las labores de infraestructura, que no avanzaba como se preveía, y para
1907 apenas se habían levantado unas cuantas murallas y un bloque que fuera
destinado como pabellón de servicios.
Los trabajos se
estancan. La obra queda suspendida durante otros cuatro años más. Es en 1911
cuando se reanuda el proyecto, pero el tiempo transcurrido da nuevas
perspectivas sobre cómo debe ser una estructura idónea para el servicio médico.
Uno de los debates fue el de la ubicación del hospital, que en aquel entonces
resultaba alejada de la urbe, y no era funcional. Pero la previsión a futuro
primó, manteniéndose el lugar propuesto inicialmente. En 1912 se ordena
continuar con la construcción, pero surgieron nuevos problemas que, para ser
resueltos, se consultó, dos años más tarde, a “los Arquitectos Guillermo
Shaeter y Augusto Ridder, y la Junta [de Beneficencia de Quito] encarga una
comisión presidida por el Dr. Alejandro Mosquera Narváez” (ibíd., 20).
Tras meses de observaciones,
se decide, en sesión celebrada el 8 de mayo de 1917, que todo lo construido
debe ser derrumbado, y dar paso a la construcción de un nuevo edificio de
acuerdo a las proyecciones de los arquitectos Shaeter y Ridder, con un
“préstamo de ciento veinte y cinco mil sucres, a treinta años plazo, que le
otorga el Banco del Pichincha” (Pérez-Rueda, s.f.). Los trabajos continúan hasta el año 1919, cuando se agotan
los fondos, y la obra se estanca nuevamente. En el año 1921, y tras varias
negociaciones con otras instituciones financieras y privadas, la Junta de
Beneficencia de Quito logra reunir los fondos necesarios, y la obra continúa
creciendo sin parar hasta diciembre de 1931, cuando finalmente se entregan los
quipos instalados en el nuevo hospital.
Y fue en el mes de
junio cuando, tras deliberaciones, se reemplaza el nombre de Hospital Civil de
Quito por el de Eugenio Espejo, “en homenaje al ilustre prócer de la
Independencia Doctor Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo, y para perpetua
memoria de sus virtudes cívicas” (ibíd.), quien fuera médico, escritor,
político, periodista y prócer de la independencia.
En octubre de ese mismo
año, y en medio de un descontento general, el Dr. Alfredo Baquerizo Moreno,
quien ocupaba el cargo de Presidente de la República, convoca a elecciones
libres en las que resulta electo, con una amplia mayoría, el Señor Don Neptalí
Bonifaz, representante de la Compactación Obrera Nacional, organización política
de carácter conservador, lo cual no era bien visto por la mayoría parlamentaria
de herencia alfarista, que se apoyó en la supuesta nacionalidad peruana del
presidente para destituirlo por vía legal.
Ante tal decisión,
tomada los primeros días de agosto de 1932, se desencadena un enfrentamiento
civil conocido como la “Guerra de los Cuatro Días”, entre quienes respaldaban
la voluntad del pueblo expresado en las urnas, y los que defendían la
constitucionalidad, lo que se traducía en el respeto a lo dispuesto por el
Congreso, es decir, el desconocimiento legal de la presidencia de Bonifaz.
La fuerza de las armas
se impuso con lo que se mantuvo la decisión de destitución del presidente
electo. Pero para entonces la dura y desigual batalla dejó como resultado al menos
dos mil muertos y cientos de heridos que eran atendidos, muchos de ellos, en el
ya deteriorado Hospital San Juan de Dios, porque las instalaciones del nuevo
edificio de salud no eran apropiadas para recibir a todos los combatientes. Tras
esta demostración de la necesidad de tener cuanto antes terminado el nuevo
hospital, se procedió a continuar con la construcción de los demás pabellones
para la atención de la ciudadanía.
Así, un 24 de Mayo de
1933 se da por inaugurado el hospital Policlínico Eugenio Espejo, siendo su
primer Director el señor Manuel Guzmán, y el 1 de agosto se abren las puertas
para la atención al público con una capacidad de quinientas camas.
Asimismo, esta casa de
salud ha sido desde sus inicios el centro de práctica para estudiantes de la
Facultad de Medicina de la Universidad Central del Ecuador y el desarrollo
docente de los médicos que laboran en él. Cabe mencionar que anteriormente no
existía una escuela de enfermería, y quienes se encargaban de atender a los
pacientes (especialmente en el Hospital San Juan de Dios) eran las Hermanas de
la Caridad. Esto cambió con la creación de la Escuela de Enfermería donde se
formaron y forman profesionales especializadas en la atención a pacientes, y
como apoyo a los médicos y practicantes en esta casa de salud.
A poco de cumplir
cincuenta años desde su inauguración, el hospital ya presentaba nuevas
necesidades de infraestructura y servicios en general, en parte por el aumento
de la población quiteña, así como por la aparición de nuevas enfermedades que
debían ser abordadas con la ayuda de equipos médicos adecuados para
enfrentarlas. Fue así como en 1980, el presidente de la República, Abg. Jaime Roldón Aguilera, contrata la
construcción de un nuevo edificio, bajo la responsabilidad de la compañía Solel
Boneh. Pero la grave crisis de los ochenta, la devaluación del sucre y la caída
del precio del petróleo, así como la muerte del presidente Roldós, detuvo el
avance de la obras.
Fue en el año 1992
cuando finalmente entra en funcionamiento el nuevo edificio durante el gobierno
del Dr. Rodrigo Borja Cevallos, siendo el director del hospital el Dr. Jorge
Andrade Gaibor. A partir de entonces se comienza con la atención para consulta
externa, laboratorio, Rayos X, auditorio, entre otros servicios.
La madrugada del 5 de
enero de 2004, las antiguas instalaciones del hospital, que permanecían en
desuso e invadidas por indigentes desde 1991, cuando se terminó la construcción
del nuevo edificio, fueron afectadas por un incendio que consumió el noventa por
ciento de la infraestructura, que en su mayoría “era de madera, carrizo y adobe”.[2] Tras
el siniestro, las autoridades municipales decidieron gestionar la recuperación
del edificio, que tardaría otros tres años en concluirse. Actualmente funciona
como el Centro de Convenciones Eugenio Espejo, donde se desarrollan eventos
varios, tanto sociales como culturales.
De allí en adelante el
esfuerzo de las diferentes administraciones ha estado enfocado en dotar al
hospital de equipamiento, espacios idóneos, personal capacitado, médicos y
enfermeras comprometidos, así como de la responsabilidad del gobierno de turno
para la asignación de los fondos necesarios que pongan en práctica el sueño de
entregar un servicio de salud de calidad, a la altura de las necesidades ciudadanas,
y de los estudiantes que se forman en un espacio de aprendizaje directo y en
constante contacto con la realidad médica.
Han pasado ciento diecisiete
años desde que se concibiera la idea de un hospital moderno, proyecto que se
haría realidad en 1933. Y ochenta y dos años desde que se inaugurara
oficialmente. En la actualidad el Hospital Eugenio Espejo trabaja en veintiocho
especialidades clínicas y quirúrgicas como Alergología, Endocrinología,
Neurocirugía y Cardiología, entre otras. Además cuenta con 11 servicios
centrales y 436 camas para hospitalización. Durante el 2014 se atendieron a un
total de 13.429 pacientes por hospitalización, 277.313 por consulta externa,
34.294 por emergencia, se realizaron 13.090 cirugías, y 148.556 procedimientos
de imagen.
Este mismo año se
realizaron trabajos de remodelación, obra gestionada a través del Ministerio de
Salud y el Gobierno Nacional, beneficiándose así varias áreas de atención
prioritaria como Medicina Interna, Oncología, Neurocirugía y Neurología,
Cardiología, Oftalmología y Otorrinolaringología, Racks y cuarto de observación,
Esterilización y Unidad de Cuidados intensivos, y las áreas de mantenimiento de
servicios básicos, como cuarto de máquinas, calderos, tanques calentadores y
bombas de presión constante.
Y las labores de mejoramiento
del servicio no se detienen, en la medida en que las demandas crecen, ya no
solamente en cuanto a espacio físico, equipos o medicamentos, sino sobre todo a
la atención de la ciudadanía con base en conocimientos sólidos y especializados
de médicos, enfermeras, técnicos, administrativos y demás personal que
conforman la institución. Seres humanos que hacen la diferencia con su saber y
tenacidad para garantizar el cuidado de la salud de todos los ecuatorianos.
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